CUANDO LLEGAMOS

 Éste será, un relato de lo más normal y típico, con trazas de cuento y con guiños a nuestro pueblo, quizás  el tuyo, cuyos  protagonistas podrían ser cualquiera de nosotros a poco que rebuscáramos en nuestros adentros.
      Primero, entre aquellos  que un día marcharon  de su tierra y que refugiados en la morriña de ella hacen bandera, repitiendo la cantinela de recuerdos de infancia y juventud por aquellas entrañables calles a las que en cuanto la todopoderosa ciudad les deja retornan, arrastrando amigos, pareja y  prole
    Como no, a los que quedaron, muy especialmente a  sus padres, que todavía se asoman a la puerta al oír cualquier coche deseando ver aparecer  al hijo pródigo sin estar en Navidades
     .A  lo mejor eres, uno de esos que desde pequeño te han ido trayendo al pueblo de tus padres  en un  ir y venir  que ni entiendes. O  puede que ni te suenen  estos rollos de viejote 
     Para todos,  ésta, mi  historia: de unos dando vueltas y otros, a vueltas con lo mismo, en un diálogo que parece no tener oídos pero que al final, ¡vaya si llegan!
     Y comienzo…
      Érase que se era, una familia en pleno viaje  al pueblo . El conductor, eufórico de volver a sus orígenes y  su gente, hablando de sus correrías infantiles: charlatán del que su público se desconecta. . A su lado, la esposa  hojeando una revista sabedora de tan manida lección  y en la trasera, sus hijos; uno que hace tiempo aprendió a escurrir el bulto con sus cascos y video juegos y una niña, la más pequeña, que, aburrida,  ve pasar un paisaje cada vez más
solitario y agreste. Juntos en un ir ¿hacia dónde? 
     Y  Mireia que lanza su pregunta  por quincuagésima vez,  
      - Papá, ¿cuándo llegamos?
       Ni caso y el coche sigue su marcha, La naturaleza  que se aviva. Última curva y la llegada Con ella, el habitual revuelo en la calma chicha de aquel vecindario  que, como moscas,  acude a darles la bienvenida. El  chico, ducho en este lance, se escabulle, raudo,  adentrándose en la casa, plagada de interesantes trastos donde  poder perderse.
       No así  la menor que, de improviso, es el centro de miradas y comentarios: :”Se parece a…¡ Ay Vicenta, qué bien!…¡Cómo han cambiao!  “Paice” ayer cuando se fue y mira tú……
      Pobre bichito raro al que apretujan y zarandean. Por fin, logra zafarse y asustada sube uno, dos, tres, pisos. Carrera a ciegas que para el choque con  algo que le descubre hallarse  en el viejo desván, el de los cachivaches  culpables de sus pesadillas. Pero al instante, un destello detiene su garganta al reconocer la silueta de Javi  que está a punto de abrir un baúl de anticuario ¡La vieja y famosa arca de la abuela!
     En un visto y no visto   el chico se ha  enfundado una vieja guerrera, puesto una especie de gorro militar y desenfundado un garrote  y da mandobles sorteando trastos y  retales
     - ¡ Soy el Capitán Trueno y por Tutatis que morderéis el polvo, bellacos!     
           Lo que aprovecha la muchacha para acercarse. Aparta los tebeos amarillentos que aquél parece que estaba removiendo y  da con un fajo de libros  y cuadernos de cuando su padre iba a la escuela junto a extraños objetos que llaman su atención: unos palitos con su punta metálica, un papel manchado de tinta , estuche y reglas de madera……
     La poderosa voz de la abuela viene a romper la escena que ha durado no sé cuánto.
     - ¡A cenar!
     - ¡Huele a embutido con patatas fritas. Dejad, Princesa, esas antiguallas. Luego seguimos.
      Todos han venido a reunirse en aquella mesa  junto a la chimenea.. El mismo hule, la misma loza; los mismos sabores y la misma bombilla. Salta el  tan traído discurso del padre
Es como en los viejos tiempos: Nada ha cambiado
      Lo que anima al abuelo para  comenzar con su  consabido: Yo, cuando tenía vuestra edad…”  Dando la salida a otra de esas interminables veladas nostálgicas. Al poco, están junto a la lumbre, calor de las brasas y paz  familiar profunda; Entre sus chispas, sombras y de los efluvios, los chavales comienzan a dar cabezadas.
      Con sus sueños llegamos al momento mágico en el que el decorado cambia a tonos de película color sepia ¡Listos! .Y  la vemos despertarse aterida y  hundida en la lana; de una  vetusta cama. ¡Micros! Y atrona un madrugador corral a través de la ventana. ¡Acción! Y empieza la abuela, como no,  sonando por el hueco de la escalera…
       - ¡Baja ya! ¡El desayuno se te enfría!
           En el siguiente plano está devorando el respectivo  tazón de malta con leche recién ordeñada y sopas con pan duro. Contempla  el  mucho trajinar de los abuelos e  Increíble
le resulta ver como su hermano  les ayuda  y carga la caballería
    - Daros prisa que las olivas del Plano nos esperan – clama el abuelo  
      Y en volandas que les vemos desfilar, cortando el rocío,  por los caminos donde otros mulos, burros y caballos van sumándose en pos del jornal como dicen ellos.…
     - Pero, Javi, ¿dónde vamos y,,
     -…cuándo llegamos  ¿no? –le corta el joven- Monta y tápate bien. Y no preguntes más
      Buscando el  edredón perdido, cierra los ojos como huyendo de lo que nada más puede ser que un mal sueño. De repente, para el traqueteo y oye cómo,fe nuevo, le increpa.
     - ¿Ves?  Mira el cartel: Selva. El último brinco y ya estamos. Sujétate bien
      Ropa hecha piel y la grupa los hombros de su hermano que  se apresta a cruzar un salvaje río por algo parecido a un paso de piedras .Anochecer  y resplandores de hogueras. Enfrente, las cuevas en donde distingue a un  fornido  y cambiado abuelo  curtiendo pieles y a su lado, una lozana troglodita que calcando a la abuela les brama
-   ¡ Daros prisa, Prendas, que este señor  ha venido a veros y os espera!
      En  la última roca,  resbala y caen a  aquellas aguas bravas que los engullen. Instantes de peligro donde buscan sus manos para aferrarse a la vida. Tras un oscuro, emergen como por encanto, sudorosos y pasmados al  verse en  otro sitio y en a otra época.
    - Vamos holgazanes,  fuera de la balsa del Vizconde u os hará empalar de la más alta torre de su castillo de Chercol.
   - De la Torrecilla como le decís vosotros. Haced caso al soldado y salid de ahí, prestos. Soy el padre Mares. Os esperaba para saber vuestra opinión sobre el libro que estoy escribiendo.

..... continúa..................

No hay comentarios: