EL RINCÓN DE LA ABUELA VICENTA


 
  Retrato éste, entrañable con mi primera cámara y en blanco y negro,  para más entonces no me daba, de  mi madre, la tía Vicente. Sentaica  en el portal de su casa  haciendo su interminable ganchillo, que me han traído a la memoria recuerdos que contarles quisiera.

     Está hecho en la Cárcama, calle corazón de Jesús 28, junto a la placeta de toa la vida Vázquez  y que casualidades de la vida o no ,vino a llamarse de Don Ángel el que fuera  ilustre médico, mentor de la familia y padre del que sería su gran maestro . Del rebaje de parte del huerto de don Nicolás, derruido el  trocico y pajar  de mis abuelos Cristóbal y Teresa que  vivían en la casa de enfrente, daban un toque especial al lugar de marras rompiendo el trazado lineal de la calle entre hormas  y puertas toscas de tiempos ha.

     Pero… se nos fue la abuela, la calle quedó muda  y el sitico, sin su guarda, fue a desaparecer como si quisiera acompañarla.

     Era balcón de la más grande plaza, su señoría en su trono de enea con su delantal como manto. Ropa oscura pues a qué santo y una sonrisa de oreja a oreja. La  virgen que pintó mi señora en un portón de aquellos parece que velaba por ella. Se iba y allá que dejaba la sillica con su  canastillo de labores o lanas, olivas y nueces, habas o lo que terciara que lo suyo era darle al palique pero que las manos siempre estuvieran ocupaicas con algo y no parar, prenda. No hacía falta decir que ni los coches aparcaban; a lo  mejor algún veraneante despistado que al saberlo pronto ahuecaba el ala. Hasta los gatos, tan caseros y listos ellos, en cuanto podían allá que los veías, bien repantingaos y  vigilantes de que ningún  perro se acercara o lo ensuciara. Ella bien faldegaico que lo tenía y la primera faenica de la mañana era barrerlo y  refrescarlo con agua. Quedaba muy bien resguardaico del aire en un interminable ir y venir de caballerías y mulicas mecánicas y trajín  de personas en procesión imparable a la plaza que allí lo tomaban como su particular descansador. Hasta cuando llovía el río que se formaba allá hacía sus remolinos obligando a mi padre a subir más y más el tranco.

     Salir a oír el bando, la música que bajaba por el portalico y el trotar de mulas y frenazos en la curva. Uno que te venía con tomates el otro con la última noticia; entonces, ¡todo se compartía!  Venía a ser el rincón de la lumbre del día donde to el mundo venía a arrimarse y contar la suya.  Igual se hablaba ahillero que valenciano, del pueblo o de los que se habían ido. Había que decir lo que fuera o si no te replicaban. Tocristo tenía que ver y allá
que se juntaban cuando venía tratante o viajante mas que en la placeta. La fuente cercana donde personas y animalicos  abrevaban  venía a ser como la llamada a acercarse a  aquel  placentero fuego de campamento. Y contar como les iba, con o sin prisas ante aquel umbral que les llamaba.  Horas a la fresca especiales y al invierno, la puerta siempre quedaba entorná invitando a pasar adentro donde la chimenea chisporroteaba. Si estaba cerrá oías como la llamaban incesantes a que acudiera.

     Y así… hasta  convertirse en el  rincón de la Tía Vicenta.

      De pequeños, en la escuela, nos castigaban al rincón ¡Cuan lejos de todo estaba ella que a tos arreplegaba a su vera!  En el vorágine actual de la vida  no se comprende; eras cosas de antes, dirán,  pero que nos enseñaron a saber situarnos en la vida, a merecerla  y mejor respetarla.  Cada uno a su rincón y ya vale de arrinconarnos que todos tenemos un sitio y una abuela ¿no?

      Por los rincones de la memoria de muchos quedan a hora sus trastos y charrás: la Rinconete y Cortadillo, sus pasticas y literatura,  la de imágenes en color sepia. Propago al cielo, este su  rinconcico del ayer y de su memoria para decirle que la echamos y lo echamos en falta. Como cuando me la traía a Tarragona que de tanto en tanto se asomaba al balcón para buscarlo, allá que he salido para mirando a lo alto  enseñarle este mi humilde escrito en homenaje y con lágrimas dedicárselo.

Francisco Torralba Lopez
Julio del 2012

3 comentarios:

Elena dijo...

REALMENTE ME HE EMOCIONADO MUCHO AL LEER ESTE ARTÍCULO. YO TAMBIÉN ECHO EN FALTA A LA TÍA VICENTA EN SU RINCONCICO, Y CADA VEZ QUE PASO GIRO LA CABEZA CREYENDO ENCONTRARLA ALLÍ, EN SU SILLICA. SIEMPRE ME DECÍA: GALÁN, COMO ESTA TU PADRE? Y LOS CHIQUILLICOS?....jo, que de recuerdos.

Paco dijo...

Gracias Elena. Me has hecho saltar la lagrimica, Prenda...como ella diría

vicenta martinez dijo...

Un gran trabajo de recuerdos inolvidables de nuestro pueblo,Benacacira y el callejon del horno mis abuelos y mi padre que se ha ido a los 95 años pepe el dus. Un saludo vicenta martinez