AQUELLOS OFICIOS DE ENTONCES



AQUELLOS OFICIOS DE ANTAÑO





      Foto de familia en la casa de los fideos aquella de las ruinas de la curva del Loreto y que se veía  llegando a Chelva pasaico el puente de Benajuay. Sea el justo homenaje a mi tía Adoración y a todas esas caricas a las que de buen seguro pondrás tú mismo, Prenda, nombres, a poco que busques entre tus   recuerdos.

 

    Su máquina rudimentaria y oficio ya desaparecido son el acicate pa tirar de memoria y traerles aquellas faenas de antaño que el tiempo y la modernidad  se han encargado de arrinconar dramáticamente pero que aún siguen ahí,  erre que erre, sin apartarse a lo Paco Martínez Soria.

 

                  Muchos ya han desaparecido y sólo los más viejos del lugar  guardan sus memorias. Ni están tos y pue que en tu lista tengas más. Vaya la muestrica pa al menos catarlos y tirar de esta hemeroteca del recuerdo, donde relatarles de aquellos más apañaicos en justo relato a lo nodo de color sepia, en pleitesía a tantos sudores del ayer ¡ La faena se las trae!

 

                 Aquellos eran tiempos de pueblo autosuficiente, escasas perricas  y tirar de trueque, tratos de palabra y artesanos que en toscos tarugos de madera habían aprendio  de sus mayores a hacerlo y sin escuela. Y allá que los veo, cada uno liao con sus menesteres sin importar tiempos, ni edades. Lo suyo era poner cada uno lo que hubiera menester, siempre con penuria de medios o con suerte, con la ayuda de  toscos artilugios o de toas todashaberlo de hacer a mano. Pa quejarse el recurso de apretarse los machos  y  aguantar los riñones; encima, de de sol a sol, que las horas no contaban aunque había que hacerlos a escape o a estajo que la estaciones y lunas apretaban siguiendo al zaragozano. Ojito con hacerlo mal que volaban los pescozones. La palabra era ley y había que salir del brete  siendo cumplidores: la única y mejor  propaganda de aquel entonces.

 

              Y empiezo con mi padre que aunque en los papeles pusiera que era agricultor, el caso es que era jornalero, o más bien que se dedicaba a la tierra. Esto  quería decir que  fuera secano o huerta, bancales o pitarrales, arrendaos o paotri, aparear o ir a medias, tirar de burro o macho. Que iba a la faenica  y cuatro animalicos pa la casa, ea, te lo aclararía él. Cuando  lo cierto es que lo vi de tratante, fascando, yendo al monte y a los forestales, albañil y regante; bajar a Valencia  a segar y a la patata, temporero en la masá  o  vendimiador por Francia; maderero, hormero, carbonero, ranchero, vaquero, pastor y almazarero. En la retahíla, seguro que me dejo alguno. En resumen: un aprendiz de todo y oficial de nada como pa entonces se acostumbraba. Pero si me dicen aquello de  que hombre de muchos oficios, pobre seguro, les diré que bueno o malo, no faltó nunca na en la mesa, granero y la orza y siempre pagó al contao  ¡Y bien orgulloso lo digo!

 

            Volviendo a  mi calle y a mi época de chiquillo ya resuenan los trotes de carro y los sones del afilador o el vendedor de turno que iban y venían entre pitos y flautas, coplas y silbidos. Los sonidos del arriero, carretero y herrero; los carromatos del quincallero, y del alfarero, el de las lanas, el Porcelanas  y el hojalatero. Allá estaban otra vez, desplegando su arte  y mejor labia entre el barato, barato, se arregla to, les traigo lo último, prueben y toquen. Y a los que se les pagaba en aceite, grano, pieles, cacharro o lana vieja. De tanto en tanto recibíamos en casa al veterinario, al capador o al matarife. Otras veces, acudía a la puerta  el rentero, guarda de turno y el  ceiquero a cobrarse  en especie o el masovero a dar cuentas, Atronaba la trompeta del bando y allá que toquisqui se asomaba solemne pa sentir lo que se mandaba Tocaban campanas y sonaba música lo que hacía presagiar la visita de  ministros y personalidades entre mayorales, capataces ,médico, civiles y maestro escuela a lo Bienvenido Mister Marshal de la peli : acudíamos o desfilábamos a ritmo de cuplé detrás de la recién llegada trupé de tirititeros y varietés Cerraba la noche el canto del sereno que más que letanía era toda una nana .

 

           Época compartia con algunos animalicos que a su vez, acarreaban consigo una filera  de  oficios: esquilador, correcher, herrero forjador, lechero, pastor… Y especialidades varias entre botero, albarquero, encargao del trigo o tal cosa,… y los gremios u entendios  a los que había que salir corriendo a buscarlos: partera , sacamuelas, curandero, hormero, azorí, practicante mediero en asuntos , jueces de paz y escribanos varios.  Con suerte llegaba paquete que había que ir a recogerlo al ordinario o acercarse al molino a por la harina o salvao. Con las cosechas  llegaban el jaleo de las revisiones de aperos y tractores en el Chispa y los cánticos de cuellas de gente por los caminos, o yendo a la masá, que iban a la oliva, a escardar, o lo que terciase. Contentos ellos de no haber tenido que marcharse a la ciudad a servir, a tener que hacer de ama de cría o emigrar a Alemania como el Pepe.

 

            Mi Madre me mandaba a hacer recaos y subiendo la cuesta pasaba por el barbero, me embobaba en escaparates que los dos reales se me antojaban  miles, de soñar leyendo sus  cartelicos  o carteles y admirar el utensilio colgaico  o de muestra en el tranco. El sastre y  el zapatero, el carpintero y al del horno de leña; al tío de la paquetería, el del ultramarinos y el del estanco. En la plaza el bar  y echando la partida el boticario, el posadero el cartero y los oficiales de la extensión agraria, la CENS  o los chupatintas del  ayuntamiento. El urbano  que había parao al vetusto taxi 1500 y el alguacil cuadrándose con la llegada de 2 guardia civiles a caballo to flamantes  con su capa

      

             Si era domingo o fiesta de guardar acudíamos a la iglesia que también daba sus cargas: monaguillo, sacristán, fraile, vicario y párroco y pa las féminas costureras del altar y  clavariesas. El campanero que daba el final y a la salida las tramuceras , los turroneros de Casinos, los puestos de helaicos o  feriantes nos esperaban. Tardes de cine y allá que había la taquillera, el acomodador, el maquinista. Ronroneo de sidecares, vespas y seiscientos por la avenida  que daba al entoldao donde un acordeonista  hacia bailar a cuatro gatos  rodeaos de mirones donde unos señoritos  entrajaos ciertamente  destacaban  y no entonaban entre tanta pana y  faldón negro.

    

            Pa las fiestas  estivales llegaban y nos invadían los veraneantes que contaban de la ciudad, resulta que los creíamos, que allí ataban los perros con longanizas. ¡Aprendices, como éramos, sin libros en la gran casa de los oficios que era aquella vida! A espabilarnos, como fuera, tocaba  para ir pasando en las diferentes escalas hasta llegar a ser oficial de primera Qué orgulloso vi a mi hermano diplomarse sin título  y hablar de fueros del trabajo y convertirse en enlace sindical. Se había hecho un hombre de provecho sin esperar a que le tocara en la mili aprender letra a base de chuscos.

 

             ¿Y qué decir de las herramientas  y artilugios que se usaban en aquellos oficios de entonces? Piezas de museo hoy, hechas a mano y con arte que pasaban de padres a hijos; eran ajuar, copiadas por artesanos sin planos ni estudios. La navaja pa to y el mechero de chispa, la talega y el azá, el bencejo y la corbella ¿Y los uniformes con todos aquellos roperios entre  delantales al uso, manguitos a juego, bata gris o mono azul, pañuelo a la cabeza, mocador ataico, boina o sombrero

           

              Hablar de ellos es también hablar de aquellas personas que por su oficio destacaban en la villa., auténticos personajes de la época de cuyo nombre sí quiero acordarme pero que merecen un comer aparte en una próxima entrega si les paice.

El no hacer na, a qué santo, que  eso, era de perros. Ya desde pequeñín a cada uno se nos leía la cartilla para ganarse la vida honradamente. Que hasta eso de estar parao daba azogue  y como dirían los clásicos siempre quedaba hacer el oficio del puerco: comer y dormir  El refranero se despacha a gusto con el asunto y frases hay a porrillo. Ala, majos, a trabajar en ello que  es vuestro turno de ir poniendo al corriente a los más jóvenes, ciegos de tantas tracamandas actuales que más sudar y menos quejarse. Y si nos tratan de carcas recordarles aquello de que cuando los americanos llegaron a la luna ya había allí un chelvano, a su marcheta, vendiéndoles ajos.

 

             Acabo con las palabritas de un tal Máximo Gorka que dice: Si los hombres se conviniesen en hacer el aprecio justo de los oficios o ministerios humanos, apenas habría lugar a distinguir en ellos, como atributos separables, la honra y el provecho. ¡De eso, aquellos oficios  de entonces iban hartos!

 

 

Francisco Torralba Lopez

Tarragona, diciembre del 2013


1 comentario:

Anónimo dijo...

Molt emotiu