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Amigo lector: Ahora me encontrarás en  

Nuevos escrito y recopilación de mis obras 
¡Allí te esperamos!

HASTA PRONTO AMIGOS



HACE TIEMPO  NOS QUEDAMOS EN SILENCIO
LA VIDA SIGUE Y HAY QUE VIVIRLA DE FRENTE
EL TEATRO OCUPA AHORA MIS DIAS
Y VOSOTROS, MIS RECUERDOS Y LECTORES,
MI CORAZÓN POR SIEMPRE



Algunos escritos quedan incompletos...
no duden en solicitármelos si así me lo comunican



PARA NAVIDADES, LAS DE ANTES


"¡Jamás podré olvidar lo que sentía en aquellas fechas navideñas de mi infancia! Entre garrapiñadas y peladillas, entre turrones y boniatos, en largas mesas familiares con abuelos y tíos a los que ya nunca podré abrazar, porque se fueron, casi sin avisar, en alguno de esos insoportables espacios de tiempo que separan a una Nochebuena de otra"



                  Vale que las de hoy sean todo un fenómeno mundial, un espectáculo de luz y color, de  deseos de paz y amor, de inteculturalidad  y marketing, pero yo también pagaría , amigo Jorge,  por volver a vivir las simples, locales  y austeras navidades de antes.

           Sabía que se acercaba como al cochino esperaba su matanza. Había que ir a  esperar la chelvana  que traía a mi hermano con su caja ,todo un lote de cosas sabrosas entre polvorones, castañas y bebidas raras. Todos los de fuera volvían a casa por navidad  a los sones del Almendro,  lo que a mi me tocaría después,. Raphael  repicaba con su tamborilero  y Perales cantaba que ya era Navidad.

            La escuela y la parroquia montaban el gran belén en la iglesia a lo Paco Martinez Soria . A los quintos de ese año les tocaba plantar el pino en el centro la plaza y encaramarse a él pa  colgarle unas bombillas pintadas. El arbolico  y belén en casa  tardaría lo suyo y del papa Noel ni se sabía ni se esperaba.

           Otra vez ansío que sea la  hora para salir a pedir el aguinaldo, cantando campana sobre campana tocando mis campanilleros acompañando por la zambomba,  pandereta, carraca y castañuelas y cuella de amigos al grito de saca la bota María para ir  a repartirnos cuatro caramelos, alguna pastica, naranjas o mandarinas.

En la tele sonaba al mundo entero de la coca cola  alrededor de un árbol  luminoso  y veíamos desfilar a las muñecas de Famosa  camino del portal en una general electrica en blanco y negro que daba los especiales de Navidad y películas  entre cortes del Lobo y Antiu Xixona. La radio ponía su  retintín en la lotería  y los discos dedicaos de aquellos emigrantes por Alemania

           Tocaban a la puerta sereno, cartero y guardias a pedir su particular aguinaldo que no sé por qué a ellos si que les daban buenas perras. Llegaban las felicitaciones  de los parientes lejanos , cristmas  decían  que luego entendí que no era otro latinajo. En el kiosko  revistas y tebeos eran especiales  y  hacían saltar mi imaginación al leer cómo se celebraba la Navidad en otros lugares que yo no entendía: Lo de matar el pavo, los urbanos rodeaos de regalos, el mercadillo navideño cargao de cosas inimaginables...

 

         Parece que veo ahí a mi madre ajetreaica con  los preparativos.  moliendo la almendra pal turrón,  atesorando azúcar, coco y harinas, yendo y viniendo al horno. A la caza del calendario y enseñándome  el zaragozano autentico galimatías que por entonces no entendía que fuera almanaque si no tenía los numericos y aquellas láminas y retratos todo un arte a mis ojos.  

          Vacaciones cortas entre calles vacías por ser época de olivas y  helarse uno con aquella pana, tapabocas, felpa y calzones largos, gorra de orejeras  que  poco podían con tanto carámbano en las canaleras y corrientes de aire que te dejaban seco en aquellos días de escarcha y mucho frío. Con suerte nevaba y allá que nos juntábamos la chiquillería  a guerrear con la nieve  y hacer muñecos y  bolas  que lanzábamos por las cuestas.

           Nochebuena era la gran celebración a base  de sidra el gaitero que sólo los ricos bebían champán, en copas anchas, de esas que ahora se usan para servir postres,  De acabar frente a la chimenea toda la familia  reunida y hasta vecinos  con los chascarrillos y villancicos de turno acompañadas de instrumentos variopintos  y pelearnos por comerse el turrón blandico y las nueces con higos. Poner oídos a la interminable historia del hombre de los 365 días  y la de aquel de tantas orejas y nariz como  quedaban al año. O  a aquel cuento mágico de una pesebre en Judea y 3 reyes magos...  Como a las once y media de la noche, acudíamos a la iglesia  helándote de frío pero enseguida te olvidabas escuchando los villancicos cantados por el coro  a la luz de los cirios y la estampa de las figuras del belén gigante del altar mayor. La tal misa del gallo acababa yendo a ofrecerle al niño sabrosas pastas y dulces que después todos nos merendábamos entre parabienes  acompañadas con anís y mistela, A los chiquillos nos dejaban probarlo que por entonces era bueno pa los huesos y daba buenas ganas de comer como rezaba el anuncio de una famosa kina.

            El fin de año era de juerga y pa los jóvenes. Guateques en casa de alguno o  fiesta en tal o cual discoteca. Merecería capítulo aparte.

 

          Los Reyes eran el remate y sólo para entonces que las tiendas del pueblo se llenaban de juguetes y cosas maravillosas que nos llevaban a dejarnos, embelesados, los mocos pegados en sus escaparates.  Los reyes venían sí, pero sólo hasta el tablao preparado en la plaza donde no sé por qué siempre eran los mismos en recibir regalos mientras los demás nos teníamos que contentar en esperarlos  a que llegaran por la noche a la casa. Claro que antes había que escribirles una carta .Bien larga que la hacíamos y bien que les poníamos de comer y beber en el balcón . Y ellos que bien pronto terminaban : el juego de carpintero o albañil, caballico con carrito de madera, la cartera de cartón y los lápices alpino. Por fin un  juguete de cuerda  y hojalata, coches de plástico ... Y como siempre te decían que este año los reyes  no tenían mucho dinero, que no podían llevar tantas cosas, que estaban muy liados y como siempre, te lo creías.  Acababas asimilando que eran los padres así que a la callada te conformabas  y  dejabas de no pedirles muchas cosas. Pero es lo que había apostillaba mi madre

 

              Contento de haberme convertido en el patriarca al que a su casa  se junta la familia en estas fechas tomando el testigo de mis antecesores no dejo de rebuscar en mis adentros  para  estar a la altura de  aquellos años. Y vuelvo a la senda de aquellos recuerdos que enseguida me hacen aflorar sentimientos de sencillez y ternura, de penurias y sueños. Difícil reto éste , de hacer felices las navidades en una época de estar hartos de todo y todos así es que reivindico la de los viejos tiempos  al grito de que pa navidades aquellas y que  aquéllas de antes quisiera imitar.

 Francisco Torralba Lopez

Navidades del 2014   

AQUELLOS OFICIOS DE ENTONCES



AQUELLOS OFICIOS DE ANTAÑO





      Foto de familia en la casa de los fideos aquella de las ruinas de la curva del Loreto y que se veía  llegando a Chelva pasaico el puente de Benajuay. Sea el justo homenaje a mi tía Adoración y a todas esas caricas a las que de buen seguro pondrás tú mismo, Prenda, nombres, a poco que busques entre tus   recuerdos.

 

    Su máquina rudimentaria y oficio ya desaparecido son el acicate pa tirar de memoria y traerles aquellas faenas de antaño que el tiempo y la modernidad  se han encargado de arrinconar dramáticamente pero que aún siguen ahí,  erre que erre, sin apartarse a lo Paco Martínez Soria.

 

                  Muchos ya han desaparecido y sólo los más viejos del lugar  guardan sus memorias. Ni están tos y pue que en tu lista tengas más. Vaya la muestrica pa al menos catarlos y tirar de esta hemeroteca del recuerdo, donde relatarles de aquellos más apañaicos en justo relato a lo nodo de color sepia, en pleitesía a tantos sudores del ayer ¡ La faena se las trae!

 

                 Aquellos eran tiempos de pueblo autosuficiente, escasas perricas  y tirar de trueque, tratos de palabra y artesanos que en toscos tarugos de madera habían aprendio  de sus mayores a hacerlo y sin escuela. Y allá que los veo, cada uno liao con sus menesteres sin importar tiempos, ni edades. Lo suyo era poner cada uno lo que hubiera menester, siempre con penuria de medios o con suerte, con la ayuda de  toscos artilugios o de toas todashaberlo de hacer a mano. Pa quejarse el recurso de apretarse los machos  y  aguantar los riñones; encima, de de sol a sol, que las horas no contaban aunque había que hacerlos a escape o a estajo que la estaciones y lunas apretaban siguiendo al zaragozano. Ojito con hacerlo mal que volaban los pescozones. La palabra era ley y había que salir del brete  siendo cumplidores: la única y mejor  propaganda de aquel entonces.

 

              Y empiezo con mi padre que aunque en los papeles pusiera que era agricultor, el caso es que era jornalero, o más bien que se dedicaba a la tierra. Esto  quería decir que  fuera secano o huerta, bancales o pitarrales, arrendaos o paotri, aparear o ir a medias, tirar de burro o macho. Que iba a la faenica  y cuatro animalicos pa la casa, ea, te lo aclararía él. Cuando  lo cierto es que lo vi de tratante, fascando, yendo al monte y a los forestales, albañil y regante; bajar a Valencia  a segar y a la patata, temporero en la masá  o  vendimiador por Francia; maderero, hormero, carbonero, ranchero, vaquero, pastor y almazarero. En la retahíla, seguro que me dejo alguno. En resumen: un aprendiz de todo y oficial de nada como pa entonces se acostumbraba. Pero si me dicen aquello de  que hombre de muchos oficios, pobre seguro, les diré que bueno o malo, no faltó nunca na en la mesa, granero y la orza y siempre pagó al contao  ¡Y bien orgulloso lo digo!

 

            Volviendo a  mi calle y a mi época de chiquillo ya resuenan los trotes de carro y los sones del afilador o el vendedor de turno que iban y venían entre pitos y flautas, coplas y silbidos. Los sonidos del arriero, carretero y herrero; los carromatos del quincallero, y del alfarero, el de las lanas, el Porcelanas  y el hojalatero. Allá estaban otra vez, desplegando su arte  y mejor labia entre el barato, barato, se arregla to, les traigo lo último, prueben y toquen. Y a los que se les pagaba en aceite, grano, pieles, cacharro o lana vieja. De tanto en tanto recibíamos en casa al veterinario, al capador o al matarife. Otras veces, acudía a la puerta  el rentero, guarda de turno y el  ceiquero a cobrarse  en especie o el masovero a dar cuentas, Atronaba la trompeta del bando y allá que toquisqui se asomaba solemne pa sentir lo que se mandaba Tocaban campanas y sonaba música lo que hacía presagiar la visita de  ministros y personalidades entre mayorales, capataces ,médico, civiles y maestro escuela a lo Bienvenido Mister Marshal de la peli : acudíamos o desfilábamos a ritmo de cuplé detrás de la recién llegada trupé de tirititeros y varietés Cerraba la noche el canto del sereno que más que letanía era toda una nana .

 

           Época compartia con algunos animalicos que a su vez, acarreaban consigo una filera  de  oficios: esquilador, correcher, herrero forjador, lechero, pastor… Y especialidades varias entre botero, albarquero, encargao del trigo o tal cosa,… y los gremios u entendios  a los que había que salir corriendo a buscarlos: partera , sacamuelas, curandero, hormero, azorí, practicante mediero en asuntos , jueces de paz y escribanos varios.  Con suerte llegaba paquete que había que ir a recogerlo al ordinario o acercarse al molino a por la harina o salvao. Con las cosechas  llegaban el jaleo de las revisiones de aperos y tractores en el Chispa y los cánticos de cuellas de gente por los caminos, o yendo a la masá, que iban a la oliva, a escardar, o lo que terciase. Contentos ellos de no haber tenido que marcharse a la ciudad a servir, a tener que hacer de ama de cría o emigrar a Alemania como el Pepe.

 

            Mi Madre me mandaba a hacer recaos y subiendo la cuesta pasaba por el barbero, me embobaba en escaparates que los dos reales se me antojaban  miles, de soñar leyendo sus  cartelicos  o carteles y admirar el utensilio colgaico  o de muestra en el tranco. El sastre y  el zapatero, el carpintero y al del horno de leña; al tío de la paquetería, el del ultramarinos y el del estanco. En la plaza el bar  y echando la partida el boticario, el posadero el cartero y los oficiales de la extensión agraria, la CENS  o los chupatintas del  ayuntamiento. El urbano  que había parao al vetusto taxi 1500 y el alguacil cuadrándose con la llegada de 2 guardia civiles a caballo to flamantes  con su capa

      

             Si era domingo o fiesta de guardar acudíamos a la iglesia que también daba sus cargas: monaguillo, sacristán, fraile, vicario y párroco y pa las féminas costureras del altar y  clavariesas. El campanero que daba el final y a la salida las tramuceras , los turroneros de Casinos, los puestos de helaicos o  feriantes nos esperaban. Tardes de cine y allá que había la taquillera, el acomodador, el maquinista. Ronroneo de sidecares, vespas y seiscientos por la avenida  que daba al entoldao donde un acordeonista  hacia bailar a cuatro gatos  rodeaos de mirones donde unos señoritos  entrajaos ciertamente  destacaban  y no entonaban entre tanta pana y  faldón negro.

    

            Pa las fiestas  estivales llegaban y nos invadían los veraneantes que contaban de la ciudad, resulta que los creíamos, que allí ataban los perros con longanizas. ¡Aprendices, como éramos, sin libros en la gran casa de los oficios que era aquella vida! A espabilarnos, como fuera, tocaba  para ir pasando en las diferentes escalas hasta llegar a ser oficial de primera Qué orgulloso vi a mi hermano diplomarse sin título  y hablar de fueros del trabajo y convertirse en enlace sindical. Se había hecho un hombre de provecho sin esperar a que le tocara en la mili aprender letra a base de chuscos.

 

             ¿Y qué decir de las herramientas  y artilugios que se usaban en aquellos oficios de entonces? Piezas de museo hoy, hechas a mano y con arte que pasaban de padres a hijos; eran ajuar, copiadas por artesanos sin planos ni estudios. La navaja pa to y el mechero de chispa, la talega y el azá, el bencejo y la corbella ¿Y los uniformes con todos aquellos roperios entre  delantales al uso, manguitos a juego, bata gris o mono azul, pañuelo a la cabeza, mocador ataico, boina o sombrero

           

              Hablar de ellos es también hablar de aquellas personas que por su oficio destacaban en la villa., auténticos personajes de la época de cuyo nombre sí quiero acordarme pero que merecen un comer aparte en una próxima entrega si les paice.

El no hacer na, a qué santo, que  eso, era de perros. Ya desde pequeñín a cada uno se nos leía la cartilla para ganarse la vida honradamente. Que hasta eso de estar parao daba azogue  y como dirían los clásicos siempre quedaba hacer el oficio del puerco: comer y dormir  El refranero se despacha a gusto con el asunto y frases hay a porrillo. Ala, majos, a trabajar en ello que  es vuestro turno de ir poniendo al corriente a los más jóvenes, ciegos de tantas tracamandas actuales que más sudar y menos quejarse. Y si nos tratan de carcas recordarles aquello de que cuando los americanos llegaron a la luna ya había allí un chelvano, a su marcheta, vendiéndoles ajos.

 

             Acabo con las palabritas de un tal Máximo Gorka que dice: Si los hombres se conviniesen en hacer el aprecio justo de los oficios o ministerios humanos, apenas habría lugar a distinguir en ellos, como atributos separables, la honra y el provecho. ¡De eso, aquellos oficios  de entonces iban hartos!

 

 

Francisco Torralba Lopez

Tarragona, diciembre del 2013


COSAS QUE YA NO VEO EN CHELVA

Les añado el siguiente artículo que andaba en el cajón de sastre de las cosas relacionadas con mi pueblo



Y en estos mis quehaceres de ir y venir al pasado, humilde intento de refrescar la memoria con lo de antes, daré, hoy, un particular repaso a las cosicas que fueron, y que ya no veo, en nuestro pueblo.
Y comienzo por la fotico, de cuando los domingos tocaba mudarse y acudir a los toques de misa. Las mujeres, como estaba mandao, con el obligado velo y la “silleta” de idem si lo requería. O cuando las veías con la cesta a la cabeza y “rodilla” trajinando con la masá semanal o las pasticas, no faltándoles nunca aquel delantal de los mil y un usos, camino del horno o del lavadero público. Sin olvidar, a los hombres con aquella pana mil veces remendá y calando boina, mocador o sombrero.

Y a estas que me convierto, otra vez, en aquel chiquillo en pantaloncicos cortos subiendo a escape las calles, por entonces de tierra, acudiendo a la escuela al los sones de la canción del Colacao o del diario nacional de las dos y media.. Allí tocaba formar, ante aquellas banderas y con aquellas canciones, en tiempos de pupitre, tintero, carterica de cartón y enciclopedia; leche de los americanos, merienda de aceitesal, separación de niños y niñas y nombres de maestros míticos como don Arturo, doña Teresita, el Ortas….

Y ya me veo, de nuevo, haciendo los mandaos, entrando y saliendo de aquella farmacia de toda la vida en la carrera o en la plaza los Puercos; de la paquetería de las Curritas, del tío Antonera, la Tía Maria Antonia, la tienda de las Ollerías y del Arrabal; del estanco del Portal del Pico, los herreros, el horno de la Cuesta Palacio, las tramuceras y turroneras...

Al punto, hecho en falta los juegos con mi cuella en aquella cárcel, futbolines y la biblioteca en la plaza.; el trinquete de detrás de la iglesia y el tejemaneje que nos traíamos acarreando zarzales o rastrojo para las hogueras de la Purísima o san Jaime. Aquel campo de fútbol y encuentros que fue pasando del Huerto Roto a la carretera, al cuartel, Torrecilla viejo y finalmente donde es ahora. El hacerse arcos con ligonero, canutos para las caícabas, mil cosas con cañas y poner cepos. El distraer nuestro “azogue” con el aro, el tejo, caliches, tebeos, recortables y soldadicos; raticos en las heras, piscina del río y pozo triángulo; teleclub, Hogar Parroquial, Academia y OJE

Y parece que fue ayer cuando contemplaba aquellas calles, en un sin parar, cada uno a su marchica, entre dimes y diretes pero de casas siempre abiertas, dispuestas al auxilio y de oficios como el botero, correcher, o el tío Máximo que to lo arreglaban.. De tanto en tanto, aparecía el ceiquero que cobraba en grano, tratantes y ambulantes como el estañador, afilador, porcelanas; cuando no el bando de alguaciles y guardas de campo; faltas de tráfico y aparcaderos, sólo algún carro, sidecar, Simca o 600, de uvas a peras.

Salgo a dar una vueltica y a meterme en el café de la Posá y del Quinito, el Avenida y el Jamalop, el cine Charandel y el terraza Park del Chimi; acudo a ver la tele del Condenao y comiendo cacao y tramuzo me voy al bailar a la Piscina, disco del Galeras o la de la carretera. A to esto, pasan veraneantes, asileras y colonias y oigo los belenes que se montaban con matapuercos, sofritos y celebraciones a base de mariquitas y chocolate. Marcho de farra con la pandilla y a pelear mozas en Tuéjar, los piques con los de otros pueblos y a prepararme pa la cordá.

Y rememoro escenas como la de la Gitana en su esplendor, la luz del tío Rogelio, con sus apagones y tener que echar mano de la velica o candil y la Carrera con su san Antón; el ir a esperar la Chelvana que venía “caramulla” hasta en la baca tras el obligaico trasbordo del trenet en Liria y pasar las curvas de la Salá y puente del Benajuay. Ver qué nuevas nos traía la Juanita o a replegar el paquetico que mandaban con el tío Juanete, el Ordinario. Memorables visitas al barbero con aquellas máquinas, pesar con la romana y darle al molinillo para preparar la malta y el tomar limoná o zarzaparrilla eligiendo entre flor de Valencia, El Siglo o Casera. Embobarnos ante la cartelera, primeros anuncios y programas y canturrear canciones que nos dejaron huella.

Y no me dejaré de nombrarles el rodalico de costumbres que marcaron época como la de toda la familia delante de la lumbre y sentaos en aquellas sillicas de enea; las cubiertas llenas de cosechas y embutios y las orzas con sofrito y el aceitecico pal año. Aquéllas, ahora chocantes, de denunciar por trabajar los domingos, esperar 2 horas por la digestión , la alpargata justiciera y los remedios caseros de purgantes y palico de té; la gaseosa Nacional como único refresco, el que te pesaran fideos y galletas y las latas de sardinas y membrillo; el amasar pa toda la semana y llevar al horno la llanda con patatas o pasticas o la cazuela de arroz El traje gris de la comunión y tener que ayunar antes de tomarla. La foto de escuela, las monas con longaniza huevo duros y magra y el salir pitando pa coger sitico en la Agüelica o en el Remedio. Tener párroco y vicario, sacristán y campanero, Santa Misión y convento…

También, echo en falta, un porrón de imágenes más, hoy de color sepia por desaparecidas, como la de la fábrica de harinas y al lao, el viejo matadero, el muladar y típicas barracas. Aquella radio Chelva, la centralica de teléfonos y balsas Somera y de la Mortera. Aquellos matarifes, capadores y enterrarse en tierra. El Taller de la quenk que primero estuvo en el Abrevador y las cuevas de champiñones o de arena pa fregar en Espes o la Gitana. Chelvanos emigrantes y madereros, o que iban “allábajo” a trabajar en el arroz, la naranja o la patata La tan llevada botija que hasta en la salida del Remedio camino de Ahíllas se ofrecía y la susodicha, carretera que estuvo asfaltá sólo hasta el km. 4 durante años. Aquellos grandes ganaos por doquier y las cabricas montesas. Las albarcas y las zapatillas de plástico… ¡Tantas cosas!

Parece que fue ayer… ¿te acuerdas? Pero estate tranquilo que como dice el anónimo: “El tiempo puede llevarse todo, menos los recuerdos. Y estos, son un tesoro que en el corazón guardas” Sirvan de acicate pues, si te parece, para que tú, lector, añadas a la lista otras que guardas en tus adentros.

Fco Torralba

EL ABUELO FRANCISCO


           Rebuscando entra mis recuerdos escuchando a  la Luz Casal he dado con esta otra vieja foto de la familia. Rota y descolorida la pobrecica  por el mucho trajín de amores que acuna,  de mis abuelos Francisco y Escolástica de hace que ni se sabe. Y aún me parece sentir aquel sentimiento de volver a desdoblarla para mirarla hasta que mi madre me pillaba hurgando en su monedero. Que el retrato de marras era su mejor tesoro a juzgar por las lagrimicas que entonces se dibujaban en su carica y el empezar a contarme de sus padres. Y yo que otra vez me embobaba al oírla hablar de lo guapa que era la abuela  y lo solica que la dejó güerfana tan joven; lo buen mozo que era el abuelo pa llevarse lo mejor del pueblo y lo relisto que era. Al calor de sus palabras  me viene la añoranza y mi cabeza que deseguida  viaja a aquellos tiempos.
        
          Allá estábamos como cada noche la familia reunida frente a la lumbre formando aquel semicírculo mágico que ahora añoro y vale la pena recordar. Mi padre con sus remiendos de esparto, mi madre colocando las trébedes y sartén para la cena: mi hermano buscando los discos dedicados en aquella vetusta radio y mi abuelo teniendo cuidado de que no le faltara alimento a aquellas brasas. Se comentaba el día, las cosechas pero sobre todo, se hablaba. Y entre las voces sobresalía su tono grave, de realeza, pues eran tiempos del consejo de ancianos, del mejor sitico pal  gran capitán

          Después del repaso a los aconteceres diarios, de galimatías de siembras y cosechas, tratos y planes, vuelvo a acomodarme entre sus piernas para soñar  con sus batallas subiéndome a su carro de historias interminables. Y allá que me llevaba a sus tiempos por Francia donde estuvo de maderero por las Landas. Cuando me enteré de la fama de los madereros chelvanos, ¡qué orgulloso me sentí! Eran relatos  del duro oficio  que empezaban de criícos  arrancaos del regazo de la madre para ir a sufrir fríos y vaivenes aunque sólo fuera pa  guardar el hato o simplemente no tener que alimentar otra boca; a to esto, con peligro de lobos y bichos. Se haría un apuesto mozo curtido en mil maderas llegando a ser capataz y logrando un alto puesto en sus fábricas. Quiso llevarse consigo, a la abuela que bien poco duró en tierras extranjeras  y que prefirió volver con sus zurcidos y coseres entre modista y dedales. Fue la única que pudo doblegar su carácter y poderío que no le dejó afincarse y le obligaba a ser el eterno emigrante. De esta manera, mandaría buenos dineros con los que compraría nuestros mejores bancales.
       
            En éstas que se queda viudo y le toca volverse. Sacrificaba su cultura de trotamundos  en aras de aquellas chiquillas a las que sacar adelante. El campo, claro, le iba pequeño y su saber estar y sus andanzas forjarán  su leyenda de personaje de primera fila  en el banco de la plaza. Época difícil de rencillas políticas y luchas fraticidas en las que unos y otros, de cualquier bando, respetaban lo que dijera y esperaban sus consejos e ideas. Hasta tuvo que decir no a convertirse en alcalde. Era la guerra y venían heridos y soldados a los que socorría; idealista él y no le tocó ninguna checa.

          Sí, fue un gran hombre de su tiempo el Francisco, de apodo el Choto; término que de buen seguro venia a reconocer su porte; ser el líder, el macho alfa que hoy dirían los modernos.

           Yo ya lo conocí de mayor, que no viejo, a raíz del corazón y cabeza que exhalaban un genio y figura sin par. Venía de la escuela y su receta mil veces repetida de arroz con patatas maldiciendo las noticias del diario hablado de las dos y media. Con mi tía, lo teníamos a meses pero seguía mandando lo suyo en las dos casas. Hasta el ajaceite le salía como a ninguno, pobre de él si no, si se rodaba. En el matacerdo era el rey del gazpacho y las gachas. Siempre bebiendo a chorrico pa  que le pasara el nudo pues aquejaba un mal remedio que le quemó el esófago al realizar un enjuague con aguarrás (ni éstas pudo con su grandeza)

           Hablaba francés, leía y tenía cultura ¡cómo me envidiaban los otros chiquillos! En las salidas a la fresca era la enciclopedia  y le tenían un respeto grande. Hablaba de política sin miedo, sabedor de la bula que sobre las autoridades tenía. Su aureola era inmensa y venían a pedirle consejo o descargaba sus quejas ante cualquiera.  Guardaba viejos libros prohibidos, papeles de cuando fue secretario de la almazara y rebuscaba legajos y revistas donde fuera.

           Hasta en el hospital tuvo que ver con personal y compañeros  de cuarto. Peleó para que sus nietos escaparan de la tierra  y  murió  feliz de saber que uno marchaba a estudiar fuera.Su chaqueta de pana y bufanda aún están en el arca; su inseparable garrotico  lo hizo suyo mi madre convaleciente y sigue por nosotros velando por la casa.

           Si  a escape me sacáis el parecido, diréis de mí que soy como el abuelo Cristóbal. Al final resulta que yo, el menos indicaico, he sio el que se hizo profesor y emigrante, el que habla otras lenguas, el trobador y animador de gentes… el que tu estela sigo.

          Ahora que soy el abuelo empiezo a saber de tus adentros. Tomo tu testigo y quiero convertirme en el faro, en la sencillez de la piedra angular que me enseñaste. Me vuelvo corriendo buscando a mi nieta Nuria la de los rizos y genio. Hoy que las familias ya no son como entonces, que andamos deperdigaos faltos de aquella flama  merece la pena nombrarte y contigo a todos aquellos abuelos que antes que nosotros existieron y son  el ejemplo a seguir.
        
           ¡Por ti, figura y genio!  
Francisco Torralba
Enero del 2013