AQUELLAS NUESTRAS MELODIAS DE ENTONCES

 


                  Entre las raíces de mis recuerdos guardo, como no, las tonadas y canciones de nuestro particular repertorio de antaño en un popurrí de mezclas que compartirlas   con ustedes quisiera. Convirtiéndome en el pinchadiscos de uno de aquellos memorables guateques, rebuscando entre la colección de cintas o vinilos  y metiendo  la moneda en  la gramola, les invito  a  menear el esqueleto con aquellos compases que ya resuenan: “No has de sufrir si escuchas de mis quince años el cantar. Y ausente estés de las cosas que mi  adolescencia fue a soñar... Bienvenidos a éste especial Cuéntame. Recuerdo mi niñez  nunca la olvidaré... en el baúl de los recuerdos... pues que la nave del olvido no ha partido... Ey, Macarena, ¡aah!”

              ¿Se acuerdan? Eran los  éxitos de los 60-70-80, hasta si me apuran del 90, en la lista “hit pareid”  de éste su   aprendiz de locutor  entre  música disco  o pop... No dudaría  en volver  a empezar, a mi manera , que nos queda todo el tiempo del mundo ,"Maibaker", en un mundo que no ha parado  de girar ... A  los sones de mi guitarra  como hombre del piano , hijo del "rocanrol" rebuscando en el rastro de aquellos discos de oro o platino, las  grabaciones de nuestra  memoria .Y  con balada de trompeta saltemos a la pista  a lo Travolta. bailando pegados en la fiesta de Blas salvando la distancia  entre "Mavie" o  porompeando el  te amo y te querre hoy igual que ayer,  en días del arco iris y listas de principales.

           Tiempos musicales aquellos hartos de coplas y pasodobles que daban paso a  estilos diferentes: pop, rock, funk, soul... Con tal rica cascada de ritmos nos dejábamos llevar como buenas marionetas en su cuerda . Éramos  tan jóvenes y faltos de idiomas por aquel entonces que las reproducíamos en un “chau chau” vinieran de New York o Pekín, en submarino amarillo subidos a la  "Beatlemania" o más allá de los Pirineos. Las ondas de la radio  daban cuenta de cantes de toda la vida  esperando   los discos dedicados de Cada canción un recuerdo y descubríamos nuevos sones con los  "melenudos" del momento. La tele  nos hacia memorizar letanías infantiles entre los Chipitiriflauticos, sus payasos, Heidi o la bruja Avería.... Anuncios, hoy  nada igualitarios  y saludables de coñacs, tabaco, señoritas  vendiéndonos mil cosas...lanzaban sus mensajes que imitábamos cual cotorras.  Una y otra, con sendos programas musicales que resultaron una suerte de enseñanza y  tenernos a la última: Escala en hifi, Aplauso, 300 millones,... Y supimos del  playback, los shows y refritos, el bum de la Sabina... Su obligado cumplimiento para celebrar eventos y Nocheviejas entre vuelve a casa del Almendro y las muñecas de Famosa.

           El cine agrandaba sus leyendas. En aquel auténtico Cine de barrio dábamos la bienvenida a mister Marshal aupando a jóvenes talentos y promesas como la Marisol o Joselito. O  con películas hechas a gloria de las figuras del momento: Imperio Argentina, Raphael, Rocío Durcal ¡El futbolista Julio  pasado a cantante y los cantantes como Serrat haciendo pelis! La filmoteca que también se rendía a los compases del momento

         Entre Eurovisión y los sellos musicales, mayoritariamente foráneos éramos invadidos en sucesivas olas de música italiana,  francesa, latina y artistas que venían  a  "pegarnos" palabrejas e indumentarias.  Aquí cabía todo, campeones en  ritmos y ganas y nuestro mercado resultaba de tal fama que muchos extranjeros cantaron en español: Abba, Mat  Monro, Adamo, Demis Roussos, Aznavour... Algunos hasta echaron sus raíces con nosotros como Albert Hamond, Georgie Dan, Carrá o  Aguilé...

         Tocar en un grupo era el sueño de muchos jóvenes hambrientos de reproducirlas y versionarlas como nadie. Calles y plazas eran el altavoz perfecto para verbenas, "varietés" y giras. Vivimos grandes y antológicos festivales: Wostock,  isla de Wight, Benidorm  o San Remo. A nuestros oídos  igual nos llegaba lo más nuestro que la paz y amor hippie, el gospel de Viva la Gente  y  el "In de Navy"

         Pusieron en nuestras  manos vinilos y "elepés" de artísticas carátulas, los discos de la Mirinda y los pósters que enganchábamos en  nuestros cuartos. Los cassettes y las cintas de 8 pistas, las gramolas en el bar o en los futbolines. Los primeros radiocasetes en el coche traídos de Andorra o de estraperlo en el puerto. Las primeras grabaciones  y colecciones de  cromos, los clubs de seguidores  y  primeras actuaciones en vivo y en directo preparados a vestir la camiseta de tu estrella  y pedir aquellos  primeros autógrafos.

           Algunas de aquellas canciones reconozco los frikis que resultan  hoy en día: Mi carro, que se mueran los feos... Eran otros tiempos  y aunque de  tapadillo  también nos hablaban de lo prohibido: Se va el caimán, el Rascayú...   Retratos de una época de sana ironía: lo que pasa es que la banda está borracha, Gavilán o paloma y la Ramona. Conste que sufríamos a la censura con mayúscula: El lalalá en catalán, que a  Cecilia le pusieran pegas con mí querida España; las prohibiciones a  ACDC, Bob Dylan y los  Rolling Stones.  A la postre nos animó a rebuscarlas en el rastro y hacerlas más nuestras y grandes, si cabe.

           Los de aquel entonces, protagonistas de la Transición y por tanto rebeldes con causa, fuimos hijos del mayo del 68 que en plena efervescencia política, hicimos nuestra la canción protesta. Poetas de un tiempo y un país  sumándonos  a  otros pueblos en lucha  viviendo los  primeros mítines y fuegos de acampada a los sones de Libertad  sin ira, la Muralla  y “L’estaca”. Víctor Jara y  Quilapayún,  Aguaviva y Labordeta,  Paco Ibáñez y Raimon. Y orgullosos de que de  tanto repetirlo hasta nuestros hijos saben de aquellos años y  no paran de recordarnos  que volvamos a poner  aquélla  del  “Papá, cuéntame otra vez”

           Algunos nos tildan de "yeyés" aunque nuestros gustos musicales fueran variopintos: Vividores de  la vida loca, cómplices del amor y desamor...sufriendo como mamones, amantes bandido  pero a quien le importa. Igual de felices con Alaska que con la Pradera, con Peret que con Manolo García, con  sevillanas que con boleros.  Perdimos a Cecilia, a Nino Bravo, Jurado y Antonio Molina. A John Lennon lo convertimos en mártir  ¡Unos grandes!  En nuestro haber inolvidables bandas sonoras: ñoñas como la de Love Story, atrevidas como la de la Naranja Mecánica y aguerridas como la de Apocalipsis Now. Hasta la ópera y el cine musical se reinventaron para dar paso a Jesucristo Supertar y si Yo fuera rico. Los clásicos volvían a florecer con su concierto de Aranjuez y nuevos músicos como Paco de Lucía o Morricone alcanzaban el estrellato. El repertorio de bailes festivos no paraba, fuera del perrito o Paquito, el mambo 5  y la internacional Macarena. Meneitos que marcaba tendencias: la Lambada, el twist, los Pajaritos y la yenka. Sin olvidar las romanticonas: Yeten, el jardín prohibido. bailar pegados. Mención aparte merecen los éxitos de cada verano con tonadas mil veces repetidas  pero que  aún siguen en el candelero de todo  repertorio  y  fiestorro  que se precie, aún hoy en día ¡Y mira que han pasado los años!

           Míticos nombres de grupos  cuyo título ya lo decía todo: Pekenikes y Pop Tops, El canto del loco y Jarabe de palo, Mecano y los Fitipaldis....  Y la sempiterna Tuna, vivero de estudiantes cantores  y la  reinona de bodas y saraos  entre clavelitos y morenas de la copla. Solistas o dúos, cantautores o no,  figuras perpetuadas  o de aquéllas que  nada más se supo que llenaban revistas especializadas como Pop Music.  De recorridos que son historia como la Movida Madrileña y la Ruta del Bacalao.

       Aquellos éxitos  duran y duran y son asiduos en cualquier karaoke donde no falta el canturreo del Libre, el cancionero de Sabina, Perales o Víctor Manuel  y las vivencias del Serrat. Y aún suena el minero y el amigo que se va,  Pimpinela y las  rancheras, la Jurado y los Panchos. ¡Gozo da ver a jóvenes tararear y vocear a coro nuestras melodías de antaño!          

           ¡Claro que fueron a costarnos lo suyo! Un disco valía mucho y  las grabaciones y pirateo  estaban en mantillas. Aún con todo, bien que nos rascábamos los bolsillos  creciéndonos como buena juventud que bailaba. No faltábamos a salir con la fiebre del sábado noche a nuestra cita con los reflejos de aquellas luces y bola sicodélica buscando el reservado y pistas especializadas. Allá que íbamos con nuestra melena y flequillos  con brillantina y calzando camisa abierta y  pantalones de campana. Y nos daba igual salsa que balada, rumbita o lo que sonara que lo suyo era estar al último grito. Una filosofía de vida que dejó expresiones como: suelto o agarrado, no me ralles el disco; esa se engancha.; no le pillo la onda, mono o estéreo, a 45 revoluciones,  carátula y  telonero. En vivo y en directo, pon otra, rallarse el disco; dan  la matraca, no la pillo y discjockey...

            Bravo muchachos, contigo aprendí hoy igual que ayer pero todo tiene su fin seguro que volveré.  Graduados en los sonidos del silencio en noches de blanco satén rumbo a San Francisco o llorando por Granada escuchando a Delilah. Con  la armónica del Miki y  la guitarra de Santana. Aporreando la batería como Ringo, afinando baladas a lo "Boss", al piano del  Phil Collins antes de sacar la lengua como lo haría  Jagger. Con la chupa o los vaqueros, las botas country o los blusones floridos de cuellos  grandiosos.

       Borrachos de éxitos estuvimos no faltándonos  nuestros " triunfitos"  con los Bravos, Iglesias   y  la campeona euro visiva Masiel. Nunca olvidamos nuestras raíces flamencas, el folk del terruño y el  cante siempre ahí  estuvo. Unos versionaban  y traducían, otros daban letra a las sinfonías o componían inspirados en poesías. Todo valía y nuestro público a todo se rendía. Se cantaba  muy especialmente a las mujeres y abundaba los títulos a sus nombres, Lola, Soledad María Isabel, Lucia... Hubo hasta alegatos ambientales como el de Roberto Carlos y  pacifistas rompiendo el muro y  las guerras, La vejez tuvo su gloria y hasta rezamos  con salves rocieras.

        Podría seguir  más iré acabando el relato.  Fidel Moreno dice: “España arrastra una memoria musical que habla de quienes fuimos y de qué queda de todo aquello en lo que hoy somos”  Éstas fueron melodías que de verdad nos marcaron  y que  continúan tan frescas si cabe. Las de una época  pletórica  que  va más allá del ayer para seguir siendo del hoy  y  del futuro si me apuran.

        ¡Toda una suerte para los que pudimos vivirlas en vivo y en directo!


FRANCISCO TORRALBA

30 de ABRIL del 2021

 

AQUELLOS AZARES DE ENTONCES HOY CASTIGADOS


             En ésta mi encomienda de relatarles de nuestra memoria  y antes de verme castigado al rincón por  los actuales influencers y gurús de lo sostenible, lo políticamente correcto e inclusivo, vaya el presente relato, confesión de nuestros pecados de entonces. El decálogo de penitentes reos de una época que reconociéndolos espera de sus Señorías, sabia indulgencia. Con su venia, comienzo           

            Primero. Confesarles  el ser analfabetos-as  en lo del culto al cuerpo. La mayoría nunca fuimos al gimnasio  que ni los había  y el deporte sólo lo coleccionábamos en cromos. Nos sobraba  con la "magnesia", mote que le dábamos a la educación física, que por entonces consistía en obligadas  tablas gimnásticas a toque de silbato luciendo camiseta imperio y pantalón corto. Friquis  y en total fuera de lugar con los diseños y ejercicios chic actuales, no cabe duda. De la salud nos decían que la delgadez era insana  y signo de pasar hambruna y enfermedades; en cambio estar rollizo era saludable. Beber era bueno y nos haría mejor sangre y unos machotes que hasta teníamos el kina san clemente que daba ganas de comer. Por supuesto que fuimos castigados y  no con una sino varias  pandemias: la viruela, rubéola, meningitis pasando por vacunaciones al trapo que daban calenturas  y marcas.   Remedios y remiendos varios: un trenque lavarlo y  mercromina, cataplasmas del curandero de la calle y sudar  en la cama. Leche con coñac, brebajes del boticario, los supositorios certeros o las inyecciones con mayúsculas. Lo de ir al  médico  sólo en casos muy graves que por algo le llamábamos  el matasanos.  La Higiene no pasaba de ser una  asignatura. Pero no faltaba el baño semanal en el  barreño aunque con agua justa y jabón casero; colonia y cambio de muda con aromas de almidón, naftalina  o  hierbas del armario.

            Segundo. Nuestro vicio por el tabaco. Es que  fumar molaba y el cine y anuncios así  lo contaban ¡Si hasta el Carpanta de los tebeos  pa comer no tenía pero la colilla no le faltaba! El primer cigarro, en pandilla, aún imberbes y a escondidas fue nuestra gran  revolución Hacerlo delante de tus padres  la gran emancipación. Los porretes  eran cosas de hippies y estaban en otra onda, conste.  Quedaron memorables colilleros del coche a tope y  fumeteo en la disco o el de después de eso que tú sabes  y mejor sabe. Disculparán el eufemismo y la ironía que delatan nuestra aprendida  jerga para escapar de las censuras. Fuimos marcados a fuego  entre los humos de cigarros liaos,  celtas, ducados e ideales. Con boquilla, más finos y rubios pasándose a  cigarrillos. Tabaco  negro, hechos  por nuestra Tabacalera  desplegando bandera  y  aquellos mecheros  que delataban clase y poderío.

             Tercero. Lo salvajes que resultamos y que los animalistas nos perdonen. Tengan en cuenta que convivíamos con ellos y era normal que en nuestro primitivismo los explotáramos  trabajando o que acabaran en la sartén, en aquellos rituales de la matanza  del cerdo, cabra, conejo o gallina.  De compañía   como mucho el gato y porque ahuyentaba los ratones. Tenían perros sólo los cazadores, los pastores o los señores para guardar sus mansiones. La casa era una granja circular en la que cada uno tenía su misión y la selección natural imperaba.  Los que nacían con algún defecto  eran eliminados, las camadas reducidas para que el resto sobrevivieran, los heridos rematados para que no sufrieran  y los muertos llevados al muladar con gran llanto sabedores de la gran desgracia que suponía. Se avisaba al señor veterinario  sin escatimar el gasto. Les hicimos participar en nuestro ocio  corriendo  o que nos persiguieran, les tiramos piedras cepos y perdigonazos, coger nidos, y hasta  los metimos en  vaquillas  y corridas de toros  en una fiesta nacional donde vitoreábamos a los matadores.

                Cuarto. Haber sido condenados-as  por la alpargata justiciera. Venía a limpiar nuestros males y faltas  como la de   escaparse del alguacil o sereno por robar peras o tocar un picaporte, el burlarse de algún abuelo  o hacer novillos. El saltarnos la vez, el sisar algo de comida  o alguna moneda. Haber suspendido o  el simple me han dicho que  te has portado mal.... Y chitón  antes de que sacara la correa el juez padre. Nacimos torcidos así que tuvieron que rectarnos  de lo lindo. De manera que ya de mayorcete  estábamos entrenados para correr delante de los grises  y hacer nuestra transición a la libertad. El pánico y el escozor ya no duelen y sí recordamos a nuestros mayores con el respeto que era menester. Ya ven

               Quinto. Haber viajado de aquellas maneras, saltándonos todos los protocolos de rigor  Entre  los traqueteos, demoras y  embates de trenes borregueros  en los que había hasta clases. Haber montado  a lo bestia en burro mulo, caballo  o  conducir el tractor por caminos polvorientos, sin señales ni carné. Tirarnos por las cuestas en bici  sin casco ni frenos Ir como las sardinas  en guaguas, camiones y utilitarios, mil veces reparados, por carreteras llenas de curvas y baches, sin aire acondicionado tras horas sin parar. Ir de paquete en el "escúter" y sidecar pelándome de frío. El  sentirnos paletos astronautas de película cuando por fin pudimos volar en avión

                 Sexto. Deber nuestra formación a la escuela de la letra con sangre entra desde chiquitines y sin miramientos  Aprender a nadar tirándonos al río  y ver si flotabas. Secarse al sol y nada de cremitas  protectoras. Graduarnos en el trueque  y comprar a granel; cambiar los envases  y envolver con periódicos y tela; contar  hasta las perrillas  y cuidar las vueltas. Caligrafía, enciclopedias y  las cuatro reglas. Convertirnos en reos del estudio con la obligación de tener buenas notas  y  hasta alcanzar medias  para poder tener futuro y escapar del fracaso. La malicia de hacernos chuletas para copiar que eran verdaderas obras de arte y que al final no sacabas por  miedo a ser pillado y acabar ante la regla o el rincón. Así que veíamos al maestro, al abuelo o al padre como un Dios a los que seguir en cuerpo y alma.  Si les fallabas  te quedaba el morderte la lengua y no llorar o quedabas como lelo y escuchar  el "a ver si aprendes". Una oportunidad más para labrarnos un porvenir así que nos lo sudamos más si cabe.

                 Séptimo. Ser unos ignorantes que se distraían con cualquier cosa y primitivos  medios. Escuchábamos la radio. Lo caro que resultaban cintas y discos  y que repetíamos y pirateamos,  atentos a grabar antes que el locutor te chafara la pista. Aún canturrear melodías de verbenas carcas e imitar aquel  chau chau de nuestro inglés troglodita. Ver una tele en blanco y negro, en familia, con sólo dos cadenas y  horas limitadas peleándonos con  la antena. Ir a verla a casa de la vecina o pagando en el Teleclub. Haber leído fotonovelas y novelas de bolsillo. Emocionarnos con la llegada de   circos y varietés. Dedicar horas cambiando cromos y tebeos,  jugar con chapas y tirados en la calle sin supervisión. Jugar a cartas y juegos de sobremesa. Hacer cabañas y huertos...

              Octavo. Que nos dejamos explotar sin remisión.  Faltamos a la escuela  por ir a recoger aceitunas o vendimia. Aplaudimos las invasiones veraniegas de los  señoritingos de ciudad. Nos peleábamos por coger los caramelos  que nos tiraban. Nos dejamos vestir sin protestar con ropas heredadas mil veces remendadas. Bañarnos en insalubres balsas y  acequias  y tener que  esperar a hacer  la digestión. Aguantar el calor  a base  de polos  de hielo, abanico y el frío con la franela el brasero o la lumbre, la manta y pana. Sufrir miedos  y fantasmas  que hoy  harían las delicias de  los psicólogos al abandonarnos  por momentos a ir a nuestro aire  y así espabilar... Entre recados y quehaceres , obligaciones mil. y a escape, cuando no trabajar a destajo. Los derechos nos conformábamos con que fueran el ir así por la vida.

              Noveno. Regirnos por reglas ancladas en el pasado de la obediencia debida. Catequesis y formación del espíritu nacional. OJE y Acción Católica. Manual de buenas maneras, protocolo y urbanidad. Saludar a todo el mundo y el decoro. La buena educación y el  respeto. El qué dirán y el saber estar. Todo un envoltorio de cosas que ahora destapa nuestras carencias en  ídolos y seguimientos culturales,  llegar tarde al reciclaje  y comida rápida. A  ser malos ante la vorágine tecnológica actual, cuestiones de género e igualdad. Desfasados más que nunca.

              Décimo y último. Asumir otros delitos no por menos menores que puedan añadir a la lista. Como el haber hecho la mili, escribir cartas y enviar postales, prestar libros en la biblioteca, comprar a plazos una enciclopedia y ser socios del Círculo de lectores. Llamar por teléfono desde la centralita, cabina o casa de la vecina. Marear a la gente para preguntar la dirección. Llevar navajas y mistos. Matar la horas a la fresca o delante la lumbre Acarrear pesadas cámaras de fotos y video  y gastarnos un  pastizal en el revelado y discos entre maldiciones cuando las cintas se enganchaban. Releer fotonovelas y revistas  en  las esperas. No ponernos cremas ni de sol que los potingues eran para las féminas. Que ligábamos con las chicas a lo bruto, persiguiéndolas  o sacándolas a bailar. Que se nos escapan aún los piropos y que nos gustan los chistes verdes, de gangosos  y gitanos... Y más piedras que dejamos por el camino y que asumimos  pues han cimentado nuestras vidas.

 

             Para terminar el alegato permitan,  la antecrítica con la que decirles que más vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo- El que se pique que se rasque  que el hoy es discípulo del ayer.

 

Francisco Torralba Lopez

Marzo 2021

LA CORDÁ DE CHELVA

 AQUELLA "CORDÁ" DE CHELVA


              Chapoteando en mis recuerdos me vienen a la memoria  aquellas noches mágicas de fuego pirotécnico con sus cascadas de chispas y truenos a mi alrededor. No, no era la "despertá"  al tratarse de la noche, ni una "mascletá" nocturna; tampoco un castillo de fuegos que son en el aire y tan espectaculares. Tampoco una traca y eso que la de mi boda fue memorable al hacer salir a la gente en una Tarragona  asustada para acabar con la frase "un valenciano que se casa". Todo un detalle de mi tío de Chirivella que me honró e  hizo saltar, orgulloso una lagrimica ¿Serán los petardos de San Juan ya que ando por tierras catalanas? ¡Que va! La comparación resulta odiosa al quedar flojos de pólvora por mucho  "correfoc" y folclore que traigan......

-----  C O N T I N Ú A.....


PUEDES ESCUCHARLO EN MI PODCAST 

      https://anchor.fm/francisco-torralba/episodes/LA-CORD-DE-CHELVA-eqhfo1


  

            O VERLO EN MI CANAL YOU TUBE

https://www.youtube.com/watch?v=vHeDKnfxTeM



AQUELLAS CARTAS DE ENTONCES


               En aquellos tiempos que no había ordenadores, ni móviles, ni tablets ni whatsapp... casi ni teléfono y que rara vez salías del terruño o viajabas, te contaré cómo nos las apañábamos para comunicarnos con  los que estaban lejos: Mandándonos cartas y postales

             En su recuerdo me veo otra vez, en el ajetreo de la calle  parando el juego al divisar el carterón y la gorra del cartero para acudir presto a ver si traía nuevas de mi hermanico por Valencia o de mi padre en el arroz de la Albufera o  de siega por las Castillas. Le trae cartica a la tía Manuela de su hija emigrante por Francia  que me toca leérsela  rodea de la vecindá.  Y parece que vuelvo a ser aquel estudiante  de  pantalones de campana  esperando diera la hora para  ver si  en cartería  tengo nuevas de  mis novietas  o familia y la suerte de tener paquete de  buenas viandas . ¡Toda una lotería diaria ! Y ya estoy subiéndome  a la litera  de la camareta del cuartel para mejor "jipiar"  en el barullo  que rodeaba  al  cabo postal  que  grita nombres  para ver si esta vez al menos pillo la pedrea ¡ Pero na de na!  Me consolaba llevándoles la correspondencia a mis alumnos analfabetos o ganándome algunas perrillas que otros me ofrecían por escribirles frases y poemas  amorosos. ¡No era lo mismo!  Luego fueron las esperas por obtener respuestas a mis demandas de empleo y  el saber de mis seres queridos tras  marchar  a trabajar fuera. Casado y padre de familia calmaba mis ánimos  que ya tenía teléfono en casa aparcando cada vez más lo de abrir el buzón para ver si me había llegado algo  y comprobar que  todo eran facturas o propagandas.

 



             Permitan que vuelva al momentazo de tener carta, con su sobre, sello y matasellos, ver tu nombre y dirección sintiéndote tan importante. Reconocías al que te la mandaba  por su puño y letra y que daba su dirección al reverso como remitente por si llegaba el caso de devolverla. La palpabas por si llevaba algo que siempre podía ser fuera billete, flor y mil cosas. La olías reconociendo las esencias del pueblo, el perfume de la amada, el calor de la lumbre... 


-------    C O N T I N U A----------

¿CUÁNDO LLEGAMOS ? (audiocuento)

 Es una  versión actualizada y relatada a manera de cuento de uno de mis relatos  con el que participo en el CUENTANTON de Chelva ,un festival de narrativa oral. Viene a contarles a nuestros hijos y nietos la memoria histórica del pueblo.  

https://anchor.fm/francisco-torralba/episodes/CUNDO-LLEGAMOS-eotihc



AQUELLOS VERANOS DE ENTONCES

 

(foto de www.valenciabonita.com)

Vuelvo al recuerdo con la imagen viva de La Playeta del río en mi querida Chelva que guarda los tesoros de ocio de mi infancia y juventud. Era la época estival, de disfrute chapoteando en sus aguas,  a los sones de la chicharra e invasión de veraneantes.

      San Juan daba la salida  al tiempo  de quitarnos la pana del invierno para quedarnos en camiseta de tirantes que eso de ir a pecho descubierto no se estilaba.  Mojarnos con aquellas primitivas pistolas de agua hechas de caña, cazo de hojalata o lo que pilláramos por casa, alrededor de  alguno de otrora abrevaderos  que  abundan en el pueblo y que le dan el sobrenombre  de paraíso de las mil fuentes.

 


       El solsticio lo pasábamos para san Jaime con sus noches mágicas saltando sus hoguericas de rastrojo, pidiendo nos contaran historias de miedo frente a la lumbre  y  hacer faroles de melón con el que desfilar por el vecindario. Cuando fui a enterarme de las calabazas de Halloween  solté un "Uy, odo" bien grande al comprobar la certeza del dicho popular que afirma que cuando los americanos llegaron a la luna   ya había algún chelvano por allí celebrándolo.

       Y ya tardábamos en bajar  al río para descubrir la zona con piscinas del Molino puerto ...


----------   C O N T I N Ú A--------------------------------